Por. Félix E. Villarreal V.
Para nadie es un secreto que, en estos momentos a lo interno de la Máxima casa de estudios superiores, la Universidad de Panamá, se viene realizando una contienda electoral a lo largo y ancho de la geografía nacional, donde un sinnúmero de académicos y académicas, aspiran a lograr ser Decanos(as), Directores(as) de los Centros Regionales que incluye Extensiones y Programas Anexos y también hay 6 candidatos aspiran llegar a la Rectoría.
No ponemos en duda la calidad de cada aspirante para cada instancia institucional del conocimiento, ya que todos presentan y sustentan sus planes y propuestas, pero, además, son académicos y profesionales de nuestra máxima casa de estudio, el conocimiento, la ciencia, la cultural, la tecnología y de la investigación; y ello debe reflejarse en la práctica cotidiana en sus recorridos, discursos y planteamientos; donde debe prevalecer un lenguaje de nivel, tolerante y conciliador; no acusativo, descalificativo o divisor.
Y decimos esto porque, a medida que se acerca la recta final de este importante evento electoral, se percibe un ambiente y una intención de buscar desacreditar o descalificar al adversario(a), y no de sustentar las propuestas y planes de trabajos a impulsar por el bien de los tres estamentos que conforman la Universidad de Panamá; llevando con esto “agua al molino” a favor de quienes desde afuera están a la espera y al acecho de tomar el control administrativo y territorial de este importante patrimonio histórico y académico que por 90 años ha avanzado siempre “Hacia La Luz”, formando profesionales y llevando conocimiento al pueblo panameño.
En definitiva, esta Mega Institución académica que recoge en su seno a casi cien mil estudiantes y a miles de profesores y de administrativos a nivel nacional, por sí misma es una institución compleja y donde se respeta la libertad de ideas, pensamiento y opinión; y es precisamente eso lo que debe seguir prevaleciendo; y no debe convertirse en un “tinglado” o en un “epicentro de desprestigio o descalificación” al calor de las contiendas electorales que hoy se celebra a lo interno de la Casa de Octavio Méndez Pereira.
Dicho esto, creo que ningún candidato o candidata puede priorizar en señalar al contendor o contendora como responsable de tal o cual situación bajo el “argumento” de que “ha estado o ha sido parte de la administración”,ya que al final como autoridades o como profesores todos (los hoy aspirantes), igualmente han sido actores de la Administración o de la propia Institución, por ende cada quien ha sido parte de la solución o no de los problemas y acontecimientos que durante todos estos últimos diez o cinco años se han suscitado en nuestra máxima casa de estudios. Nadie puede pretender estar exento de la responsabilidad o compromiso que le asiste desde cada uno de su espacio académico o posición de mando en cada una de sus unidades académicas o administrativas.
En ese sentido, en medio de este interesante y decisivo momento electoral universitario, que insisto debe ser de altura, nivel académico y de propuestas propositivas, y no bajo la tónica politiquera o prejuiciosa de señalar, acusar o condenar al adversario o adversaria; ya que, todos como universitarios debemos entender que, aunque hay cosas por atender, discutir y resolver a lo interno, ello debe lograrse mediante el diálogo, la propuesta, el consenso y el respeto.
Este, es un momento donde han de salir electos aquellos(as) que logren captar la atención, la simpatía y ese afecto positivo y afectivo a la hora de conversar, presentar su campaña o sus propuestas ante los tres estamentos que ponderativamente el 1 de julio asistirán a las urnas a emitir su voto para Rector(a), Decano(a) o Director(a) de los Centros Regionales. Y, por ende, aquellos que no salgan electos deberán entender que, la Autonomía y la Universidad de Panamá, hoy más que nunca requiere de la Unidad de todos los esfuerzos, no de la disgregación.


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