Este 9 de enero de 2026, la Universidad de Panamá, en conjunto con sus expresiones estudiantiles, gremiales y sindicales, y en algunos colegios históricos del país, diversas organizaciones populares, el movimiento social patriótico y el pueblo panameño mediante actos culturales, políticos, concentraciones y movilizaciones, recordarán y rendirán homenaje a lo que fue aquella histórica y gloriosa gesta de 1964, realizada por valientes jóvenes panameños que, exigiendo soberanía plena, respeto a la bandera panameña, liberación y autodeterminación, escenificaron la confrontación más cruel, violenta y en desigualdad de condiciones, pero con valor patriótico y dignidad, contra el poder militar del imperio de los Estados Unidos, acantonados ilegalmente en la Zona del Canal.
El pueblo panameño, que también fue un actor y protagonista durante los días 9, 10, 11 y 12 de enero de 1964, siguiendo el ejemplo de aquella juventud patriótica y nacionalista, no desmayó en arriesgar igualmente sus vidas contra el poder bélico-militar de las bayonetas, balas, metrallas y represión violenta y criminal, ejecutada por el ejército estadounidense en la ciudad capital y en la provincia de Colón, que desencadenó acciones de protestas en otros puntos del país.
Aquella gloriosa gesta, que llenó de luto y dolor al pueblo panameño; reafirmó el deseo de independencia, liberación y soberanía, y en ese sentido, años después, luego de diversas jornadas y acciones de luchas en defensa de aquella soberanía anhelada por nuestros mártires, se logra firmar el Tratado de septiembre de 1977, que ponía fin y fecha de cumpleaños (31 de diciembre de 1999) a la presencia física y militar de los Estados Unidos en la Zona del Canal, bases militares y demás puntos estratégicos de operaciones ocupados por el Comando Sur a nivel nacional.
A partir del 31 de diciembre de 1999, al completarse la reversión total, Panamá, enarbolando la bandera de soberanía plena, pasó a administrar el Canal y demás territorios ocupados ilegalmente por los Estados Unidos durante décadas. Acto seguido a lo alcanzado, en medio de altas y bajas, críticas, señalamientos, contradicciones, malestar y descontento por parte del pueblo panameño en cuanto a lo que ha sido la administración del Canal y sus recursos…; durante 25 años, como panameños, hemos tenido y mantenido nuestra soberanía y dignidad como pueblo.
Sin embargo, nuestra soberanía hoy se encuentra en entredicho y en peligro, a consecuencia del conocido “Memorando de Entendimiento”, pactado y firmado en abril del 2025, por el presidente de la República de Panamá, su ministro de Seguridad y canciller de la República; con el Departamento de Defensa y el gobierno de Estados Unidos que preside Donald Trump. “Memorando” que, bajo el concepto y acuerdo de “cooperación técnica en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen transnacional”; garantiza paso expedito y gratis de buques, submarinos y demás buques estadounidenses por el Canal; además, ha permitido el arribo de naves aéreas de combate y el regreso en presencia física de miles de efectivos militares del Comando Sur, que han sido vistos entrenando en provincias y puntos estratégicos del territorio istmeño.
Panamá, sobre todas las cosas, debe ser un país de paz y neutral, por lo que no puede ser genuflexo ante las presiones de los Estados Unidos y de quien hoy preside ese país, con respecto a su política de asedio contra China; a razón de la presencia y convivencia (más que centenaria) que esta cultura asiática ha tenido en nuestro país. Panamá tampoco puede tomar partido o verse involucrada frente a la política agresiva, guerrerista y de invasión que el presidente Donald Trump ha decidido contra la República Bolivariana de Venezuela, que, usando el mismo guion de “lucha contra el narcotráfico, terrorismo o de derrocar dictaduras…”, busca apoderarse de la reserva más grande de petróleo del continente que hoy posee Venezuela, y muchos otros minerales valiosos de ese país.
Como panameños conscientes, nos corresponde analizar con responsabilidad y detenimiento el actual escenario geopolítico, para así tener muy claro lo que está ocurriendo en estos momentos contra Venezuela, ya que (guardando las proporciones) es muy parecido a lo ocurrido en nuestro país con la invasión militar estadounidense aquel 20 de diciembre de 1989. Acción genocida que nos dejó destrucción, escombros, miles de muertos, cientos de víctimas y que hasta el día de hoy mantiene abiertas muchas heridas, sentimientos encontrados, luto, dolor y todas las secuelas económicas posteriormente consecuentes de aquella denominada “reconstrucción política y democrática del país”, impuesta e iniciada por Estados Unidos mediante un gobierno considerado (civilista y pro-invasión), que fue juramentado aquel entonces desde una base militar gringa.
El momento geopolítico internacional y el nuevo orden mundial que se viene configurando nos lleva a refrescar y traer a colación aquella frase que se refiere a América Latina y el Caribe como “el patio trasero”, misma que, desde la perspectiva político-hegemónica de Estados Unidos, corresponde a ese legado marcado y dejado de la conocida Doctrina Monroe y que viene de regreso. Esta frase fue repetida en abril del 2025 por Pete Hegseth, secretario de Defensa de EE. UU., cuando dijo por canales mediáticos internacionales que Estados Unidos debe recuperar influencia en su “patio trasero perdido” ante China; luego de su visita y misión encomendada en Panamá, y refiriéndose en ese momento a la intención y decisión de la Casa Blanca con el gobierno de Panamá por retomar el control del Canal marítimo ante la preocupación de Donald Trump por la supuesta presencia de China en el Istmo.
Otra frase comprometedora es aquella que dice: “Los Estados Unidos no tiene amigos, sólo tiene intereses”, que se le atribuye a John Foster Dulles, quien fue también secretario de Estado de los Estados Unidos; nos permite entender que, bajo esa política, cada vez que ese país del Norte interviene o invade a otro país, no es precisamente porque le interese establecer lazos de amistad o de implementar procesos y gobiernos democráticos; simplemente lo hace porque tiene interés en sus recursos minerales y naturales que le garanticen millonarias ganancias, beneficios y control político o económico. Y, bajo la “lógica” de estas frases, Estados Unidos en gran medida ha logrado su objetivo con Panamá; es lo que ahora busca en Venezuela; es lo que ha insinuado el mandatario Donald Trump en medios internacionales con respecto a México, Colombia, Nicaragua y otros países de América Latina; países que, dentro de este nuevo escenario geopolítico, están nuevamente en la mira del Imperio norteamericano.
Al conmemorarse 62 años de la gesta patriótica del 9 de enero, como panameños y panameñas debemos recordar y hacer nuestras, en la práctica, las consignas de ¡Panamá, Libre y Soberana!, ¡Bases NO! y ¡Un solo Territorio, una sola Bandera!, que nos dejaron como herencia y legado nuestros héroes y mártires de enero de 1964. Y con mayor razón, frente a esta nueva maniobra diplomática y protocolar denominada “Memorando de Entendimiento”, que le ha garantizado a los EE. UU. retornar con presencia militar a nuestro suelo istmeño y, de paso, comprometer a Panamá y el Canal en esa política ambiciosa de intervención, confrontación y conflictos internacionales que no nos competen como país.
Texto: Félix E. Villarreal V. / Foto: Archivo


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