Por. Félix E. Villarreal V. / Secretario de Educación, Formación y Cultura Laboral del SITEN
El siguiente escrito va dirigido a todos(as) aquellos(as) que se identifican, que se sienten parte o que participan de forma activa dentro de instancias o estructuras organizadas dentro del movimiento sindical, gremial, juvenil, campesino, originario, popular, o dentro de cualquier espacio que hoy se denomina “movimiento social”. La intención es aportar con él un tanto a la formación política de nuestros compañeros y compañeras, de manera objetiva, abierta al análisis y la reflexión, basado en este caso en algunas referencias o planteamientos a nuestro juicio claves que nos ilustra Marta Harnecker, que de hecho pueden ser considerados en el contexto del trabajo político y organizativo que en la praxis desarrolla tanto la dirigencia, como el resto de la membresía a nivel sindical y demás espacios organizados dentro del movimiento social.
Como preámbulo es importante conocer antes que, Marta Harnecker fue una destacada periodista, escritora, psicóloga, socióloga e intelectual marxista chilena. Una mujer ideológicamente muy centrada en análisis permanente del movimiento obrero y autora de valiosos libros, artículos, ensayos y de muchos otros documentos formativos para los diversos sectores populares; fue, además, asesora y colaboradora en el proceso socialista de Cuba, colaboradora incansable con los movimientos sindicales y sociales de clase en muchos países de Latinoamérica. Como una intelectual orgánica y militante chilena, participó activamente en el gobierno de Salvador Allende entre 1970 y 1973, y fue además consejera marxista del entonces presidente Hugo Chávez entre el periodo del 2002 y 2006.
Frente a la síntesis arriba descrita, basándonos precisamente en el análisis marxista de Marta Harnecker, nuestro escrito va dirigido a analizar la forma en que los dirigentes pueden organizarse y movilizar mejor a sus organizaciones y por ende al pueblo en defensa de sus intereses, derechos, logros y conquistas. Sin embargo, en este proceso de formación y consolidación, como la propia Harnecker advierte, existen estilos y métodos de trabajo correctos pero también incorrectos; donde señala además de forma sucinta los defectos que un dirigente debe combatir en su relación con su sindicato y por ende con las masas; como lo son: el burocratismo, el sectarismo, los métodos liberales de trabajo, entre otros, que de no corregirlos producen confusión o desconcierto en la masa, al igual que pasividad y desgaste de los propios dirigentes.
En ese sentido, apegados a la teoría de Harnecker, vale la pena examinar estos métodos de trabajo y de dirección incorrectos (en este caso), contra los que debe luchar todo dirigente sindical, clasista y revolucionario, entiéndase: el subjetivismo, el liberalismo, el caudillismo, el burocratismo y el sectarismo. Métodos incorrectos que consisten en actitudes y comportamientos que resultan de la influencia que tiene la ideología burguesa sobre las personas, donde cada uno desea sobresalir como individuo, imponiéndose y lograr satisfacer aspiraciones personales a costa de los demás y, al mismo tiempo, una tendencia a manipularlos, a usarlos, para conseguir objetivos de tipo individual.
Dicho esto, empecemos entonces por el Subjetivismo: que es la conducta equivocada donde no se puede dirigir correctamente una organización sindical o un movimiento popular, si no se conocen muy bien las condiciones materiales sobre las que se debe trabajar, los intereses y el nivel de conciencia de las masas hacia quienes se orienta el trabajo. Aquí Harnecker plantea claramente que, “si no se hace un esfuerzo serio por conocer la sociedad que se pretende transformar y la correlación de fuerzas sociales que en ella existe, es muy fácil que el deseo llegue a confundirse con la realidad”. Es allí donde este subjetivismo puede manifestarse de dos maneras opuestas: el dogmatismo y el empirismo.
Dogmatismo: ser dogmático, consiste en razonar con recetas ya prefabricadas, frente a determinada situación o coyuntura sin analizar la situación real del entorno o del país que se pretende transformar. Es decir, “los dogmáticos son incapaces de dar una respuesta, de indicar el camino, a partir de la realidad, porque no saben aplicar sus conocimientos a esta realidad y a sus continuos cambios”.
Empirismo: ser empírico es un defecto, opuesto al dogmatismo; y se trata de los dirigentes o militantes que conocen muy poco de la teoría científica de la sociedad y que, por lo tanto, “al observar una realidad se quedan en la apariencia de las cosas, no ven más a fondo y tienden muy rápidamente a generalizar a partir de experiencias muy limitadas”. Donde aflora el ego, el sigilo, el enigma o en otro caso la retórica política, para encubrir sus imprecisiones y debilidades.
En el caso del Liberalismo, Marta Harnecker lo describe como: “La actuación liberal de los dirigentes o miembros de base de una organización que se caracteriza por una conducta poco orgánica, indisciplinada, basada en decisiones personales y no en decisiones colectivas”.
La raíz de esta conducta se encuentra y caracteriza al momento de poner por encima de todas las cosas lo personal, olvidando un principio fundamental de la teoría marxista y revolucionaria que afirma que, “no son los individuos, sino las masas las que hacen la Historia”. Este liberalismo o individualismo es una desviación típicamente pequeñoburguesa que aflora en muchos dirigentes.
Harnecker señala además que “todas estas desviaciones de tipo liberalistas o individualistas son muy perjudiciales para toda organización, sea ésta un partido político, un frente político, un sindicato, un centro de trabajo o cualquiera otra organización”. Son una especie de corrosivo que, “deshace la unidad, debilita la cohesión interna, causa la apatía, crea divisiones, impidiendo que se logre una organización más compacta con una disciplina estricta, capaz de cumplir las nuevas tareas históricas que requiere el actual proceso”.

En cuanto a el Caudillismo: Harnecker señala que el dirigente revolucionario y clasista no puede ser un caudillo que adopta una actitud paternalista o de amiguismo hacia compañeros específicos o hacia la masa, creando con ello las condiciones para hace seguir ciegamente por estos; conducta incorrecta, que no educa a las masas para que éstas dependan cada vez menos de su conducción personal y sean capaces de tomar decisiones colectivas autónomas.
En el desarrollo de sus acciones como líder, optan en hacerse indispensables frente a sus demás compañeros y frente a las masas. Esa actitud típica de los caudillos es contraria en la praxis correcta y por ende totalmente diferente a la de los dirigentes clasistas y revolucionarios que ven en su membresía la importancia de educar y de desarrollar la iniciativa de cara al fortalecimiento organizativo de las masas y, por lo tanto, de hacerse cada vez menos indispensables.
En el caso de el burocratismo: Harnecker nos ilustra al señalar que, este “se conoce uno de los métodos de trabajo más perniciosos para el movimiento obrero, es criticado muy frecuentemente, pero rara vez se llega a definirlo y a buscar sus causas para poder superarlo”.
Sobre este tipo de conducta o desviación burocrática Marta Harnecker nos plantea que, “estas surgen allí donde los dirigentes tienden a centralizar todo y a razón de ello, no delegan tareas en sus compañeros de la organización e incluso desconfían de sus capacidades”. Es por eso que, “no les consultan y simplemente actúan, donde la colectividad no participa de esas decisiones; pasando a ser solo espectadores de lo que deciden o hacen burocráticamente sus dirigentes.
Esta es la razón por la que a lo interno de las organizaciones sindicales o del movimiento popular, los planes de acción no corresponden al sentir de las masas, ni a la realidad concreta o exacta de los acontecimientos. En estas condiciones, Harnecker muy atinadamente nos señala que; “los dirigentes pueden aferrarse a un puesto en la organización con sólo cumplir ciegamente, las órdenes superiores para no ser criticados desde arriba y los miembros de base pueden seguir perteneciendo a la organización con sólo realizar un trabajo mecánico y formal que agrade a sus dirigentes.
En el caso del Sectarismo: Harnecker nos plantea que esta es una de las desviaciones más graves, “ya que tiende a impedir la unidad de las fuerzas revolucionarias, sindical o popular; aquella unidad sin la cual es imposible triunfar frente a los enemigos del pueblo”.
En otras palabras, el principio del sectarismo o de ser sectario, es defender en forma ciega, no razonada, la “secta” que dirige o a la cual este pertenece; que puede ser un determinado grupo de amigos, pertenecientes a un partido, una organización, una seccional o regional, un sindicato o una federación sindical, entre otros ejemplos similares. Es decir, sólo el individuo, el dirigente o su “secta” tiene la razón; por ende, los demás, cuando no coinciden con ella, están equivocados sus opiniones no merecen ni siquiera ser escuchadas y discutidas, sino ser aplastadas, ridiculizadas, reprimidas.
Marta Harnecker no describe que el sectarismo “es como el cáncer: si no se opera a tiempo, causa la muerte”. Ahora bien, de la misma manera en que existen personas más predispuestas al cáncer que otras, existen personas más predispuestas al sectarismo que otras. Estos, “son precisamente los dirigentes que por sentirse más responsables de su “secta” caen con más facilidad en las desviaciones señaladas; muchas veces predican la unidad, pero con sus actitudes sectarias están causando la división”.
No cabe dudas que estos defectos y métodos incorrectos arriba descritos y analizados desde la teoría político-ideológica y marxista de Marta Harnecker, son frecuentes en muchos de los dirigentes sindicales o del movimiento popular en su contexto y, son conductas y actitudes que de hecho debilitan la unidad, la cohesión a lo internos de las organizaciones, como fuerza clasista, revolucionaria, transformadora para el pueblo y los trabajadores. Por lo que, queda en la conciencia, en la actitud y la praxis de todo militante, dirigente sindical o en el seno del movimiento popular corregir y enfrentar todas estas desviaciones existentes e incorrectas; por el bien de la unidad, la consolidación y el avance positivo del movimiento obrero, clasista y popular


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