El trabajo infantil: un problema persistente

El trabajo infantil es una problemática global que persiste a pesar de los esfuerzos realizados para erradicarlo. Este fenómeno no solo atenta contra los derechos fundamentales de los niños, sino que también perpetúa un ciclo de pobreza y falta de oportunidades.

El término “trabajo infantil” suele definirse como todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Este 12 de junio se conmemora el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, el camino recorrido ha sido largo, pero aún hay tareas pendientes sobre este tema. Datos publicados por la OIT y UNICEF, detallan que existen 60 millones de niños y niñas en situación de trabajo infantil a nivel mundial, lo que representa casi 1 de cada 10 niños en todo el mundo (cifras del año 2020).

África ocupaba el primer lugar entre las regiones, con el número de niños en situación de trabajo infantil: 72 millones. Asia y el Pacífico ocupan el segundo lugar con 62 millones.  La población restante se divide entre las Américas (11 millones), Europa y Asia Central (6 millones) y los Estados árabes (1 millón).

Panamá no escapa a esta realidad. El país realizó, en el 2016, la última encuesta de trabajo infantil, la cual se venía desarrollando desde el 2008, con una periodicidad bianual; para el 2014, se detectaron 26,710 niños en esa condición, lo que representa el 2.9% de la población total de 5 a 17 años de edad.

En el 2016 disminuyó a 23,855 menores en trabajo infantil, generando una tasa de 2.5%. Se observa una mayor participación de los hombres, los cuales registran en el 2016, una tasa de 3.6%, en contraposición a las mujeres, cuya tasa es de 1.3%. El trabajo infantil se da con mayor fuerza en el área rural (4%) y está vinculado al desarrollo de actividades agropecuarias.

Como todos saben situaciones como la  pandemia del Covid-19, la crisis económica, los conflictos, han sumido a más familias en la pobreza, obligado a millones de niños a recurrir al trabajo, en el mundo y nuestro país no es ajeno a esto.

Es una realidad que los niños y niñas trabajadores están expuestos a condiciones peligrosas y, a menudo, insalubres. Sufren de malnutrición, enfermedades y lesiones que pueden tener efectos a largo plazo en su salud física y mental. Además, el trabajo infantil interfiere con su desarrollo educativo. Niños que deberían estar en la escuela, adquiriendo conocimientos y habilidades para un futuro mejor, se ven atrapados en trabajos que no ofrecen oportunidades de progreso.

La explotación laboral infantil también tiene un efecto perjudicial en las economías nacionales. Una población con niveles educativos bajos y salud deteriorada no puede contribuir de manera efectiva al desarrollo económico. Además, perpetúa un ciclo de pobreza intergeneracional: los niños que trabajan hoy serán los adultos pobres del mañana, y es probable que sus propios hijos también se vean obligados a trabajar.

Para combatir el trabajo infantil, es esencial abordar sus causas profundas. Primero, se debe luchar contra la pobreza mediante políticas económicas que generen empleo y aumenten los ingresos de las familias. 

El acceso a la educación es igualmente crucial. Los gobiernos deben invertir en la construcción y mantenimiento de escuelas, especialmente en áreas rurales y desfavorecidas. Además, es fundamental garantizar que la educación sea realmente gratuita y de calidad, eliminando los costos indirectos que pueden ser prohibitivos para las familias pobres. Mantener los programas de alimentación escolar también pueden ser un incentivo poderoso para que las familias envíen a sus hijos a la escuela.

La regulación laboral debe ser reforzada. Es necesario implementar leyes estrictas que prohíban el trabajo infantil y asegurar que se cumplan. Esto incluye inspecciones regulares en sectores donde el trabajo infantil es prevalente y sanciones severas para los empleadores que explotan a los niños. 

La colaboración internacional es vital, ya que el trabajo infantil es un problema global que requiere un enfoque integral y coordinado, solo así podremos asegurar que todos los niños tengan la oportunidad de crecer en un entorno seguro y saludable, y de alcanzar su pleno potencial.

Con la adopción de la Meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la comunidad internacional se comprometió a eliminar el trabajo infantil en todas sus formas para 2025, pero todo indica que esta meta muy lejos de completarse. La situación empeora, porque en el mundo hay reclutamiento y utilización de niños soldados, lo cual es muy lamentable.

Los países del mundo deben reflexionar sobre el cumplimiento real de lo establecido por la OIT en su convenio 182 sobre peores formas de trabajo infantil y el convenio 132 sobre la edad mínima. Ya pasaron 25 años de la implementación del convenio y lamentablemente nada indica que se erradicará el trabajo infantil.

Por: Irina Chan Castillo / Foto: Canva pro.

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